¿Cuales son tus pesadillas?

Actualizado: 27 abr

Santiago de Chile, diciembre de 1999 Camino a tientas por calles vacías que nunca he visto. La noche oculta el origen de quienes me asechaban y mi corazón patea fuerte contra el pecho. Me apego al muro para mimetizarme en ellos. Cada paso debe ser lento; una mala pisada puede delatarme. ¿Dónde huir? En la oscuridad de una ciudad desconocida cualquier lugar es inseguro. Los que me buscaban quieren matarme. Pero no quieren darme un disparo, enterrarme un cuchillo o un batatazo en la cabeza. Quieren comerme. La imagen de sus bocas devorando mi carne me paraliza. Me escondo tras un tarro de basura metálico donde sobresalen los restos de un fémur y una costilla humana devorada por ratas que me miran con sus penetrantes ojos ahuecados. Esperan mi muerte. Desde aquí observo una avenida que me parece inmensa. Las calles, los edificios, todo estaba en blanco y negro, como esa película del sesenta y ocho, “la noche de los muertos vivientes”. De pronto, al otro lado de la calle, aparecen mis padres que gritan mi nombre. Se ven preocupados, desesperados en la búsqueda. Mi madre lleva un bebé en sus brazos. Eso llama mi atención. Salgo de mi escondite aliviado de encontrar mi familia, pero cuando me acerco veo que me miran igual que esas ratas del basurero y que sus bocas, sus ropas, todo esta machado con sangre. Me detengo de golpe junto con mi respiración. Mi madre extiende sus brazos para entregarme ese bebé. Quita la manta y veo que está muerto, parte de sus costillas devoradas y el el ligar donde debían haber dos ojos inocentes hay dos huecos tan negros como esta noche. Retrocedo y vuelvo a huir dejando atrás sus gritos guturales que me asustan. Tiene hambre y no importa que yo sea su hijo, solo quieren saciar su hambre. Sigo corriendo por calles abandonadas, desordenadas, como si hubiese pasado un huracán. No sé donde ir, solo corro desesperado y a pesar que siento solo el latido de mi aterrorizado corazón, siento que están por todos lados y que muy pronto me darán caza… frente a mi aparecen siluetas oscuras que se mueven de forma irregular, cuerpos deformes que aparecen las puertas de los edificios, de las esquinas, de los alcantarillados… es cuestión de minutos para que todo esto acabe. Me detengo. Estoy completamente perdido en una ciudad desconocida, en un mundo hostil del cual no volveré a ver el amanecer.


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