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El Misterioso Vapor

Actualizado: 21 ago 2023



Créanme o no, debo confesarles uno de los grandes secretos que oculta la ciudad de los rascacielos. No es algo de lo que se hable abiertamente, pues ningún neoyorquino, en su sano juicio, te lo revelará durante una conversación en el café, el laundry, o durante un encuentro casual en el bar. Y es obvio. Como decir que la ciudad de Nueva York, la gran manzana, la capital del mundo, la ciudad que nunca duerme, está emplazada sobre un activo y peligroso campo de geisers. Estoy seguro que muchos neoyorquinos lo saben. Si observas bien, hacen un gran esfuerzo para ocultar la ironía mientras te responden sobre las razones del extraño vapor que emana de las alcantarillas. Muchas de esas explicaciones son realmente absurdas, pero con el tiempo, aceptadas por todos; por ejemplo, dicen que son vapores que escapan del sistema de calefacción de la ciudad. También dicen que son escapes del sistema de energía subterráneo. Más absurdo aún, andan circulando por ahí dudosas investigaciones de revistas científicas que avalan esas explicaciones. Lo cierto es que Nueva York es una gigantesca fuente termal de energía inagotable siempre a punto de estallar. Sus campos son los más grandes del mundo. Diez veces más que los de Yellowstone o el desierto de Atacama, en Chile, entregándole a la ciudad recursos tan poderosos como el de muchas plantas nucleares o pozos petroleros. Esta importante información no aparecerá en ninguna guía Michelín o la National Geographic. Creo que esa peligrosa e incontrolable energía de ebullición constante que fluye desde el subsuelo, ha traspasado de alguna extraña forma sus cualidades a los ciudadanos, moviendo con la misma fuerza la ambición de miles de inversionistas, topógrafos, obreros, ingenieros, ilusionistas del futuro, trapecistas del día a día, hombres y mujeres visionarios que llegaron a construir una ciudad próspera más allá de sus expectativas.

Cuando la noche ya ha caído y los irritados rostros de Manhattan, consumidos por la magia nocturna se transforman en algo más amable. Cuando los taxis avanzan como adormecidas luciérnagas y el neurótico ruido de los vehículos policiales son solo un rumor a la distancia. En medio de todo ese relajo nocturno –si se puede hablar de relajo en una ciudad como Nueva York– es cuando se observa con mayor claridad los puntos de ebullición del misterioso vapor. Entonces, sólo la metáfora sirve para explicar lo que ocurre durante esas noches:

Por todas las calles, miles de espíritus salen de las alcantarillas casi arrastrándose sobre el pavimento. Sobrecogidos cuerpos que después de siglos de espera en estrechos conductos de roca porosa, se elevan buscando esa luna, mientras observan con desconfianza una ciudad que evidentemente desconocen. Y es cuando ocurre el más hermoso de los milagros. Al primer contacto con su luz, esas figuras imperfectas, confundidas pero resueltas, se transforman en formas casi humanas vestidas de gasa resplandeciente. Entonces puedes ver claramente que son espíritus de generaciones y generaciones de inmigrantes que trabajaron para lograr lo que llamamos “el sueño americano”. Espíritus que ahora avanzan seguros hacia el espacio definitivo, transformando una noche común de Nueva York, en una noche de ensueño.

Manhattan, Mayo 10 de 2019



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